Ayuno digital


 ¡Hola a todos! Para esta nueva entrada del blog os quiero contar un reto que nos propuso nuestro profesor Ricardo en la asignatura de comunidades virtuales y redes sociales en educación ya que me ha parecido una de las dinámicas más interesantes de todo el cuatrimestre para analizar de verdad nuestra relación con la tecnología. El reto consistía en realizar un ayuno digital completo durante 24 horas para comprobar nuestro nivel de dependencia y adicción a las redes sociales, y yo decidí que el mejor momento para ponerlo en práctica era durante estas Navidades. Elegí un día de mis vacaciones precisamente porque ahora mismo estamos en plena época de exámenes y tengo muchísimas cosas que estudiar y trabajos que terminar, así que me pareció la oportunidad perfecta para poner a prueba mi fuerza de voluntad y ver si realmente el móvil era el culpable de que a veces me cueste tanto concentrarme. A lo largo del curso, con el ritmo diario de clases y la necesidad de estar conectada para trabajos en grupo, se me habría hecho mucho más difícil de cumplir, pero hacerlo ahora me ha permitido centrarme exclusivamente en mis objetivos académicos.

La experiencia ha sido mucho más intensa de lo que imaginaba al principio porque te das cuenta de que tenemos gestos casi automáticos que ni siquiera registramos, como el de buscar el móvil en el bolsillo o desbloquear la pantalla sin ningún motivo concreto cada pocos minutos. Lo que más he echado en falta, sobre todo en las primeras horas, fue esa conexión inmediata con mi círculo cercano para comentar cualquier tontería que me pasaba por la cabeza o esa facilidad de desconectar un minuto de los apuntes mirando algún vídeo rápido. Sentía una especie de vacío informativo, como si me estuviera perdiendo algo importante que estaba pasando en el mundo digital. Sin embargo, conforme fue avanzando el día, esa sensación de ansiedad por no estar conectada se convirtió en una ventaja enorme. Al desaparecer el bombardeo constante de notificaciones, alertas y mensajes, logré alcanzar un nivel de concentración profunda que hacía mucho tiempo que no experimentaba. El tiempo empezó a cundir de una manera increíble y pude avanzar en el estudio de mis exámenes mucho más rápido de lo que suelo hacer un día normal.

Este ayuno digital me ha aportado una paz mental que no esperaba y me ha ayudado a estar mucho más presente en lo que estaba haciendo, disfrutando del silencio y de la tarea sin interrupciones. Me ha beneficiado enormemente para entender lo que realmente significa llevar un uso seguro y responsable de las redes sociales en nuestra vida diaria. He aprendido que ser responsable no es solo cuidar lo que publicamos o nuestra privacidad, sino también tener el autocontrol suficiente para saber cuándo hay que parar y no dejar que las plataformas controlen nuestro tiempo de estudio o nuestro estado de ánimo. Ahora soy mucho más consciente de la cantidad de horas que perdemos de forma totalmente inconsciente y de lo necesario que es establecer límites claros para que la tecnología sea una herramienta que nos ayude a mejorar y no una cadena que nos genere dependencia. Al final, este reto me ha servido para valorar el tiempo de calidad fuera de las pantallas y para darme cuenta de que el mundo sigue funcionando perfectamente aunque no estemos mirando el móvil a cada segundo

Comentarios

Entradas populares de este blog

Creación página Web

Nuestra campaña📲

Las TIC como recurso inclusivo